Te has preguntado alguna vez porqué te suceden una y otra vez las mismas situaciones en tu vida y la relación que guardan estas situaciones y conflictos con determinadas personas (que nos hacen de proyección de las heridas, para poder identificarlas). Por qué a pesar de poner todos tus esfuerzos y energías, no consigues obtener las respuestas necesarias para superar tus estados emocionales y de salud. La conclusión a la que he llegado es que todo forma parte de la o las heridas que estén activas en determinadas situaciones.

Todos tenemos heridas emocionales de nuestra infancia. Unas veces se activa una u otra, incluso varias al mismo tiempo. Identificarlas, sentirlas y sanarlas forma parte de un proceso terapéutico largo y doloroso, pero necesario para entenderte a ti mismo y las personas que forman parte de tu vida.

Según dice Anamar Orihuela en su libro Transforma las heridas de la infancia: "Las heridas de la infancia son esas ausencias de afecto y contacto que tanto te faltaron y se quedaron como necesidades no resueltas para completar un ciclo de desarrollo del cuerpo emocional".

Las heridas surgen desde el preciso momento de nuestra concepción, cuando el alma ya elige el cuerpo en el que encarnar (Lise Bourbeau). Es la que elige los padres, que tendrán sus propias heridas, el entorno social y cultural necesario para poder trascender el tipo de herida que viene a sanar.

Según Borja Vilaseca explica en su libro Encantado de Conocerme (descubre tu personalidad a través del estudio del Eneagrama) la primera herida que tenemos es en el momento de nuestro nacimiento. En el momento de nacer se rompe esa conexión con la madre, esa seguridad y protección que teníamos. Es el primer trauma al que nos enfrentamos, que es perder nuestro "yo verdadero".

Cada Eneatipo desarrolla su propia herida de nacimiento y su propia máscara, desde la que se relacionará cuando se descentra (ego). El trabajo de cada uno de los nueve tipos de personalidad será centrarse hacia su lado equilibrado:

  • Eneatipo 1: Su herida de nacimiento es la sensación de insuficiencia e imperfección.
  • Eneatipo 2: Su herida es la sensación de no ser digno de amor.
  • Eneatipo 3: Sensación de no ser valioso.
  • Eneatipo 4: Sensación de ser inferior.
  • Eneatipo 5: Sensación de no ser capaz.
  • Eneatipo 6: Sensación de no poder confiar en sí mismo.
  • Eneatipo 7: Sensación de vacío e insatisfacción.
  • Eneatipo 8: Sensación de vulnerabilidad e indefensión.
  • Eneatipo 9: Sensación de no ser bienvenido.

Las heridas están ocultas a través de la formación de nuestra personalidad, lo que nos da identidad, desde nuestro nacimiento y en concreto, durante los siete primeros años de vida (vamos construyendo una personalidad en base a la forma en que nos dicen nuestros padres qué debemos ser, lo que observamos que nuestros padres son, lo que experimentamos que nos funciona ser, lo socialmente aceptado y experiencias dolorosas propias).

En ese período se construye también la Máscara (según Lise Bourbeau ), que nos va a impedir ser quien verdaderamente seríamos "en esencia". Esa máscara la vamos formando para evitar sufrir, para protegernos del dolor de las heridas que se van creando. Es un mecanismo de "supervivencia". La función de esa personalidad herida es protegernos del dolor primario. Se construye como un mecanismo de defensa. Se construye desde el Ego, el falso Yo, que se apoya en nuestras falsas creencias de lo que es la realidad.

Si permanecemos el resto de nuestra vida, inconscientes, ocultando nuestras heridas con parches que nos impiden identificarlas, con calmantes para no sufrir dolor, la herida seguirá estando oculta, sin sanarla porque ni siquiera sabemos que la tenemos. Como la herida es gobernada por el niño o la niña interior y no la hemos sanado, termina reproduciendo el mismo dolor al protegerse (por ejemplo la persona que para no ser traicionada no confía en nadie).

Ese dolor no sanado, oculto en tu inconsciente, se manifestará de diferentes maneras: Unas veces lo hará a través de la mente, y otras a través del cuerpo. Según Lise Bourbeau en su libro La sanación de las 5 heridas "todas las enfermedades físicas son un reflejo del dolor causado por las heridas no sanadas del alma." También a través de las personas que van a formar parte de tu vida y que son necesarias para que se activen las heridas que debes sanar, para que puedas identificar qué herida se activa y por qué. Cuando se activan esas heridas y actuamos desde nuestra máscara, no siempre seremos víctimas, a veces también seremos verdugos (si tu herida por ejemplo es de rechazo, como víctima te sentirás rechazado, como verdugo tú serás quien rechace a los demás y a ti mismo).

Etapas en las que se crean las heridas emocionales

Las heridas emocionales surgen por una o varias experiencias negativas (o interpretadas como tal) vividas en la niñez. Vamos construyendo una personalidad con base en: la forma en que nos dicen nuestros padres qué debemos ser, lo que observamos que nuestros padres son, lo que experimentamos que nos funciona ser, lo socialmente aceptado y las experiencias dolorosas propias.

En el libro Las 5 heridas que te impiden ser uno mismo de Lise Bourbeau, explica que, "la mayoría de los niños pasan por las siguientes cuatro etapas: después de conocer la alegría de ser él mismo en la primera etapa de su existencia, conoce el dolor de no tener el derecho de ser él mismo, que es la segunda etapa. Llega enseguida el período de crisis, de rebeldía, que es la tercera etapa. Con objeto de reducir el dolor, el niño se resigna y termina por crearse una nueva personalidad para transformarse en lo que los demás quieren que sea. Algunas personas permanecen estancadas en la tercera etapa durante toda su vida, es decir, reaccionan continuamente, están enojados o en permanente situación de crisis. En la tercera y cuarta etapa es cuando creamos numerosas máscaras (nuevas personalidades) que sirven para protegernos del sufrimiento. Estas nuevas personalidades o «defensas» son cinco, y corresponden también a cinco grandes heridas fundamentales que vive el ser humano. Serían las siguientes, por orden cronológico en el orden en que cada una de ellas aparece en el transcurso de la vida: Rechazo, Abandono, Humillación, Traición e Injusticia"

Serán nuestros progenitores quienes nos transmitirán sus propias heridas y por lo tanto, cada una de las cinco heridas se identificará, según de la que se trate, con el padre o con la madre (también figuras de autoridad masculina o femenina con la que se relacione el niño o niña, como profesores, o personas que cuiden o suplan las figuran de los padres). Lise Bourbeau identifica según la herida, cual es el progenitor que la transmite:

Herida de Rechazo

Despertar de la herida: desde la concepción hasta el año de vida. El niño se ha sentido rechazado por el padre del mismo sexo y no cree en su derecho a existir. Máscara: el huidizo. Su gran miedo: el pánico.

Herida de Abandono

Despertar de la herida: entre el primer año de vida y los tres años, con el padre del sexo opuesto. Es un niño que ha sufrido al no sentirse apoyado por el padre del sexo opuesto con una conexión de amor-afecto. Le ha faltado afecto o ha recibido un cariño frío o distinto de lo que él esperaba. Máscara: el dependiente. Su gran miedo: la soledad.

Herida de Humillación

Despertar de la herida: entre el primer año de vida y los tres años, con el padre que reprimía toda clase de placer físico. Esta herida puede haberse vivido con uno de los padres, aquel que se ocupaba del desarrollo físico y sexual del niño, o con los dos. Niño que ha sido humillado por uno de sus progenitores por haber experimentado placer con sus sentidos. Su libertad fue coartada por una actitud represiva y despreciativa. Sintió vergüenza frente a ese padre. Máscara: el masoquista. Su gran miedo: la libertad.

Herida de Traición

Despertar de la herida: entre los dos y los cuatro años de edad, con el padre del sexo opuesto. Niño decepcionado que ha sufrido por no haber sido colmada su necesidad de atención por parte del padre del sexo opuesto. Se siente traicionado o manipulado en su conexión amor-sexualidad. Ha perdido la confianza en este padre después de haber sido testigo de promesas no cumplidas, mentiras o señales de debilidad. Considera que este padre es un irresponsable. Máscara: el controlador. Su gran miedo: disociación, separación y que le repudien.

Herida de injusticia

Despertar de la herida: entre los cuatro y los seis años de edad, con el padre del mismo sexo. Niño que ha sufrido la frialdad del padre del mismo sexo. No ha sabido expresarse ni ser él mismo con este padre. Reacciona poniendo límites a su sensibilidad, imponiéndose mejorar su rendimiento y ser perfecto. Ha bloqueado la expresión de su individualidad. Máscara: el rígido. Su gran miedo: la frialdad.

En el siguiente vídeo Anamar Orihuela explica las cinco heridas.

Las máscaras que creamos para protegernos son visibles en la morfología de una persona, y por consiguiente, en su apariencia. El cuerpo es tan inteligente que siempre encuentra el medio para mostrarnos lo que debemos resolver. Lise Bourbeau en su libro "Las 5 heridas que te impiden ser uno mismo", diferencia cinco diferentes morfologías corporales.

Identificar cual es tu herida predominante o la que se activa en un momento determinado, te ayuda a comprender por qué sufrimos cambios a nivel corporal ante situaciones emocionales concretas. También vivir con una o varias heridas activadas conforman la morfología propia de cada persona, y si no se identifica y se trabaja esa herida, no habrá posibilidad de cambiar la estructura corporal. Es información que deberíamos tener en cuenta en cualquier proceso terapéutico.

Sanar heridas emocionales

Muchas veces, el dolor puede proceder por una relación con alguien (tanto amorosa como de amistad o familiar), por la muerte de un ser querido, por la traición de alguien, etcétera. Encontrar la causa de nuestro malestar es el primer paso para poder sanar nuestras heridas. Identificar si se ha activado una herida no sanada y tomar conciencia de cual es, ayuda en el proceso de empoderamiento.

  • Lise Bourbeau en su libro ¨La sanación de las 5 heridas¨ indica que existen tres fases en el proceso de sanación de las heridas. Son las siguientes:

Primera etapa: Identificar cuando te comportas desde tu máscara, tu ego.

Cuando te das cuenta de que tu ego ha tomado el control, te haces consciente de que llevas una máscara asociada a tus heridas. Es muy importante recordar que el ego está compuesto de energía mental. Nuestra dimensión mental es imprescindible para pensar, razonar, planificar, organizar, memorizar, etc.

El ego es una creación totalmente humana. Sólo se fía de aquello que aprendió en el pasado. Por ejemplo, si piensa que una situación es peligrosa, porque así la vivió en el pasado, seguirá considerándola peligrosa para siempre, es decir, mientras sigamos dejando que actúe. El ego drena tu energía mental, te debilita. El ego se fortalece de nuestras creencias limitantes. Cuestionarlas, dejar de juzgar, etiquetar y generalizar (distorsiones cognitivas), cuestionar esas creencias, forma parte el proceso de sanación. El ego es la totalidad de las creencias que te impiden ser tú mismo.

El ego usa superlativos como siempre, nunca o cualquier otra manera de exagerar: «Estás SIEMPRE ocupado con el trabajo, incluso en casa, y NUNCA estás cuando te necesito». «SIEMPRE llegas tarde». «YO ya no tengo miedos». «NUNCA comprendes nada. SIEMPRE debo repetírtelo todo». «MI hijo SIEMPRE me miente». «SIEMPRE soy YO el que tiene que hacer horas extras en el trabajo». «NUNCA ME hablas. Utiliza las generalizaciones, y los extremos que son distorsiones cognitivas.

El ego utiliza el «tener que» o el condicional, es decir, yo debería, me gustaría, sería agradable, etc. ¿Por qué? Porque estas expresiones muestran el miedo si está oculto.

El ego se identifica con «tener» y con «hacer». No eres lo que posees: bienes, dinero, talentos, títulos. Y no eres lo que haces: tu oficio, ser padre, ser madre. Quien se identifica con lo que hace tiene muchas dificultades para aceptar las críticas. Se siente enseguida criticado por lo que es y no se da cuenta de que la crítica va solo dirigida a lo que hace. Eso es etiquetar. Para ello es importante trabajar tanto la autoestima, como el autoconcepto.

El ego se justifica y se defiende. Aproximadamente un noventa por ciento de las respuestas que damos, las damos sin que nadie nos haya pedido explicaciones. El ego está convencido de que debe defenderse de todo y de todos. Se pone fácilmente a la defensiva. Los demás siempre tienen la culpa. Se alimenta del victimismo que es lo contrario a ser una persona responsable de sus acciones.

El ego no puede vivir el momento presente (recomiendo la práctica de la meditación y Mindfulness). Cuando estás centrado, no clasificas nada como bueno o malo. Eres, sencillamente, consciente de vivir una experiencia más o menos inteligente para ti. Quien está en su centro no emite juicios de valor: se limita a observar.

Nuestro ego siempre busca imponernos su sistema de valores y cuando busca imponérselo a los demás se convierte en orgullo.  El orgullo puede manifestarse de forma intelectual o espiritual. El orgulloso intelectual usa, sobre todo, sus conocimientos para reafirmarse. El orgulloso espiritual se cree superior con relación al ser: «YO SOY más organizado que tú, YO SOY más paciente que tú, YO SOY más evolucionado...».

Segunda etapa: descubrir las emociones experimentadas.

Pregúntate ¿Qué siento en esta situación? ¿En qué parte de mi cuerpo se ubican estas emociones? ¿De qué tengo miedo? ¿Qué me atemoriza en esta situación?

No se puede sanar un malestar si ni siquiera eres consciente de sufrirlo. Todo crecimiento personal requiere tiempo y paciencia. También constancia. Es un camino de autodescubrimiento, con altibajos, en el que aprenderás a identificar tus emociones. Aprender inteligencia emocional es importante para darte cuenta de que las emociones cumplen su función (por ejemplo: el miedo te ayuda ante un peligro, pero si se convierte en un miedo irracional sostenido en el tiempo, se convierte en disfuncional).

Tercera etapa: juicios, acusaciones, reacciones

Juzgarte a ti mismo cuando sientes miedo es una reacción a la herida de rechazo o de abandono. Juzgarte a ti mismo cuando sientes vergüenza es la reacción a la herida de humillación.

Acusar a una persona del sexo opuesto sintiendo ira es una manifestación de la herida de traición –por lo tanto, es la máscara de controlador la que está activa–. Tu ira o tu rebelión pueden ser exteriorizadas o mantenidas en tu interior.

Acusarte a ti mismo o a una persona de tu mismo sexo con ira es una manifestación de la herida de injusticia –por lo que es la máscara de rígido la que te controla–. Reaccionas visiblemente justificándote o acusando al otro. Tu reacción puede ser muy evidente o tal vez te la reserves para expresarla más adelante. Incluso si la guardas, puede adivinarse fácilmente por tus gestos, tu mirada y tu cuerpo; los demás pueden sentir tu ira contenida.

Encontrar hacia quién van dirigidos el juicio o la acusación te ayudará a saber qué herida está activada. Después, la conducta que adoptes para proteger esa herida será la que te ayude a descubrir la máscara que llevas.

  • La verdadera sanación tiene lugar en tu interior

De igual manera que cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente, debemos aprender a cuidar el alma. La desatendemos y no nos damos cuenta que su sufrimiento, es la causa de otras patologías y enfermedades.

No quiero decir que la medicina no funcione, sino que cualquier tipo de enfermedad debería abordarse desde una perspectiva global (Holística) del ser humano. Desatender una de las partes en conflicto es el motivo por el que en muchas enfermedades no se logren grandes beneficios.

Se suele rechazar esa existencia del alma porque se entiende de manera errónea. El alma somos nosotros en esencia. Nuestro "verdadero yo" pidiendo muchas veces socorro por no poder manifestarse. Manda mensajes de diferentes maneras, pero ni siquiera somos conscientes.

Cuando tu cuerpo sufre por ejemplo de rigidez, endurecimiento de las articulaciones y las arterias, estreñimiento, etc., te está indicando hasta qué punto tu ego quiere tener razón (recuerda que el ego te impide ser tú mismo, se esconde detrás de la máscara). Significa que debes aceptar, para empezar, que has tenido tanto miedo de ser herido que has permitido, inconscientemente, que el ego te controle. Esto no es ni bueno ni malo; tener miedo es, sencillamente, humano.

La herida fundamental del ego es la de rechazo. Es la que le empuja a imponerse. Después, esta herida se ve acompañada y reforzada por las demás. Cuantas más heridas se activan a la vez, más sufrimos y más imprescindible se cree el ego para protegernos. La herida de rechazo es la base de todas las enfermedades graves, físicas o psicológicas.

Desde el punto de vista psicológico, sabes que tu ego ha tomado el control desde el momento en que llevas la máscara asociada a alguna de las heridas.

  • Ser uno mismo

Significa saber lo que queremos sintiendo lo que es beneficioso para nosotros, incluso si los demás no aprueban nuestras elecciones. El saber proviene de nuestra intuición, es decir, de nuestro ser cuando estamos centrados ( el estudio del eneagrama te muestra cual es la forma de centrarse en cada tipo de personalidad). Al contrario, el ego bloquea la intuición. Si una de las cinco heridas del alma te hace sufrir, te indica que no estás escuchando ni a tu corazón ni tus necesidades.

  • Acepta la herida y aprender de ella

La aceptación total es la única manera de sanar tus heridas. No debes huir del dolor sino que tienes que identificarlo, aceptarlo y superarlo. El dolor forma parte de la vida y, por ello, debemos aprender de él y vivirlo como una etapa más de nuestra existencia. Ningún cambio será posible mientras no seas consciente de aquello que quieres transformar. Considera esta herida como crecimiento y enfócate en el aprendizaje obtenido. Perdona y perdónate, aprende a soltar lastre. Un buen termómetro emocional es cuando ya no duele la experiencia.

Bibliografía consultada y recomendada

Las cinco heridas que impiden ser uno mismo - Lise Bourbeau
Las cinco heridas que impiden ser uno mismo - Lise Bourbeau

http://www.cutonala.udg.mx/sites/default/files/adjuntos/la_sanacion_de_las_5_heridas_0.pdf

https://st2.ning.com/topology/rest/1.0/file/get/132446618?profile=original

https://borjavilaseca.com/wp-content/uploads/2019/07/1_73_encantado_de_conocerme_2019-1.pdf